Recobrar la fuerza de las palabras

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Por Patricia Solar

Recuerdo que una vez que acompañe a una amiga a su trabajo,- el cual por cierto se encontraba en la casa azul, sí, esa casa azul, la de Diego Rivera y Frida,- tuve la oportunidad de conocer a una de sus compañeras, que si bien era una mujer muy culta, no podía decir más de dos frases, sin “aderezarla” con  una buena grosería.

La verdad es que no tengo nada en contra de las llamadas “malas palabras”, después de todo vengo de una cultura en la que la palabra “güey” se ha convertido en la expresión afectiva más común y necesaria;  además de que es una de las pocas cosas que ha logrado permear a todas las clases sociales.

Sin embargo, también estoy convencida que todo en la vida tiene una razón de ser. Y por su puesto las palabras también. Por qué no solo las palabras altisonantes, tendrían que  tener el fin de significar algo específico, sino todas y cada una.

Porque después de todo, por ejemplo en el caso de las groserías una vez que las utilizas para todo y a cada momento, la verdad es que al menos para mí, pierden su fuerza y verdadero significado.

“Las palabras se las lleva el viento”,  una frase que seguramente hemos escuchado todos en algún momento de nuestra vida.  Sin embargo y a pesar de lo que pudieran decir los entusiastas seguidores de esta ideología. Ciertamente las palabras son muy importantes.

Tanto que, a pesar de que la comunicación se divida en 93 % no verbal y 7 % verbal y de que decimos más con nuestro cuerpo y rostro, que con  las palabras mismas, la verdad es que por alguna razón, el peso que le damos a éstas, es infinitamente mayor al que se otorgamos a otras formas de comunicarnos.

Se podría decir, que las palabras no son más que palabras, simple uniones de letras al azar, para las que decidimos su significado por consenso tácito y que representan mentalmente ideas. Pero realmente son mucho más.

Como elementos del lenguaje que son, las palabras poseen un significado propio,  además de que,  debemos de tener en cuenta la situación en la que sean dichas y debido a esto, pueden cobrar una mayor o menor importancia e incluso puede tener un significado distinto del que se pretende dar al pronunciarlas.

Como elementos comunicacionales que son, juegan un papel medular en nuestra vida, en todos los ámbitos de ella. Cada palabra debería ser dicha en un momento justo, con un significado adecuado y en el entorno exacto, para que entonces el receptor pueda darles el peso o valor correspondiente.

Dicho de una forma más precisa, ya que tan valiosas son las palabras, debiéramos darles a su significado, más claridad e incluso ¿por qué no?,  rediseñar muchas definiciones de igual número de términos.

Como dije al principio, considero que deberíamos aprender a utilizarlas mejor, para que en realidad signifiquen algo y sobre todo algo útil. Las lanzamos así sin ton ni son, que muchas han perdido su fuerza e incluso hasta han desaparecido.

Algunos dirán que es parte de la naturaleza del lenguaje, ya que está vivo y por lo tanto es dinámico. Sí, pero no me refiero a eso, sino a que estamos tan acostumbrados a hablar por hablar, que incluso usamos como sinónimos palabras que no lo son o no deberían.

Por ejemplo, para efectos de los diccionarios, empleo y trabajo prácticamente se definen igual. Yo las redefiniría y para ello dejaría trabajo, como lo que actualmente dice la Real academia de la lengua: Ocupación retribuida. Pero a la palabra empleo buscaría que fuera una definición distinta, algo así como: Ocupación que permita el desarrollo del potencial individual de aquel que la ejerce, además de que con ésta, la persona pueda lograr una calidad de vida decorosa para él y los suyos.

Quizá habrá que pulirla, pero la idea es que hay redefinir cualquier palabra para que al utilizarla sea con mayor fuerza. Así pues, si así quedarán redefinidas. Entonces bien podríamos exigirles a nuestros políticos, más empleos y menos trabajos. Porque  ya saben cómo “se llenan la boca” diciendo que “lograron tantos empleos”, cuando esos empleos,  no pagan más de 800 pesos a la semana.

¿Dígame, si usted vive y consiguen un desarrollo de su potencial,  además de una calidad de vida decorosa no solo para usted, sino para toda su familia con 800 pesos a la semana? Yo sé que muchos políticos que ganan más de 100 mil pesos al mes, dicen que si se puede. Pero la verdad, es que cuando yo muy iniciaba mi vida laborar y en mi primer empleo ganaba más o menos esa cantidad, no me alcanzaba para nada y eso que era yo sola y que estamos hablando de hace 30 años, cuando 800 pesos eran lo que hoy serían como dos mil.

Patricia Solar
Patricia Solar

No se ustedes, pero siento que si les tratamos de dar más fuerza a esas palabras, que ya tanto peso tienen en nuestras vida, pero con una visión más pragmática y visionaria, posiblemente lograríamos una comunicación más asertiva y con ello una vida mejor para todos.

Pero bueno, eso digo yo…

Maestra Patricia Solar Ramírez

Directora de Solar Comunicación

Presidenta del Colegio de Comunicólogos de Baja California (ColcomBC)

www.facebook.com/Colegiodecomunicologos

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