¿Quién puede ser llamado periodista?

La respuesta parece sencilla, pero no es así

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Por Isaías Plascencia *

No basta con cargar una cámara fotográfica, grabadora de voz o un gafete colgado al cuello con la palabra “prensa” en letras grandes y negras para dar por hecho que se es periodista o ser identificado como tal, pues es algo que se gana, pero también se obtiene.

Lo que indica el manual

Vicente Leñero y Carlos Marín en su Manual de Periodismo expresan que el ejercicio de esta actividad es una forma de comunicación social a través de la cual se analizan y se dan a conocer hechos de interés público, por lo que si partimos de esa acepción entonces se generaría una bifurcación entre aquel que solo cuenta lo sucedido y el que desmenuza  la noticia antes de hacerla pública.

Ante esa dualidad los autores del icónico libro advierten sobre tres responsabilidades que deben tomarse en cuenta antes de pretender asumir el rol deseable por muchos entre aquellos que se desenvuelven en los medios de comunicación.

La primera es el tener dominio técnico de lo que para unos es un oficio y otros una profesión, esto con un estricto grado de responsabilidad, que de contar con ello entonces se lograría la segunda, el apego a la verdad y por ende la tercera, actitud de servicio hacia la comunidad.

En ese contexto, el profesionalismo, la inteligencia en el uso de los datos y la responsabilidad social, serían tres atributos esenciales que podrían diferenciar entre aquellos que dicen serlo, los que son y los que quieren ser.

La pregunta de portada y los artículos constitucionales

Pero ¿quién puede juzgar o determinar a qué persona se puede llamar periodista?. La respuesta parece sencilla, pero no es así, pues partiendo del artículo quinto constitucional en el que se niega cualquier impedimento para que alguien pueda dedicarse a la profesión, industria, comercio o trabajo que se le acomode mientras sea lícito, queda abierta la posibilidad de ingresar al atractivo y hasta lucrativo mundo de la prensa, sin olvidar sus riesgos.

Además habrá que sumarle lo planteado en el artículo sexto en el que se defiende la libre manifestación de ideas y se otorga el derecho de acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir algo por los medios que estén a su alcance, pero con algunas condiciones.

Sin embargo es en el séptimo constitucional donde todos los que tiene la manera de dar a conocer lo que es o puede ser noticia se respaldan para tomar la bandera periodística, dado que es en este fragmento en el que se marca la inviolabilidad de la libertad de expresión, sin restricciones para no caer en la censura, pero con una amplia posibilidad de entrar en el amarillismo y la tergiversación.

El periodista visto desde los derechos humanos

De acuerdo a la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas aprobada por la Cámara de Diputados el 30 abril de 2012, se define como periodista a toda persona física que de manera independiente, experimental, en etapa universitaria o de cualquier otra índole cuyo trabajo consista en recabar, generar, procesar, editar, comentar, opinar, difundir, publicar o proveer información.

La paradoja

Esa ampliación conceptual ha dejado abierta la puerta para que todos con o sin estudios puedan un momento dado ser llamados periodistas, identificarse de esa manera y hasta exigir el reconocimiento público, así como reclamar beneficios y consideraciones, algo que afecta a los que por vocación decidieron serlo y se esforzaron desde el ámbito académico para lograrlo de manera dirigida y formal o autodidacta.

No hay duda que en México basta con tener un portal web, una revista, un periódico, un canal de videos, un programa de radio o televisión o al menos trabajar o colaborar en estos para ejercer el periodismo, una prerrogativa desde el punto de vista legal y de los derechos humanos.

La forma como se ejerce es lo que en definitiva marcará la diferencia entre los que pretenden serlo con o sin formación profesional y los que son como resultado de su experiencia o preparación universitaria.

Isaías Plascencia

Ante este panorama quedará abierta la respuesta a la pregunta planteada y a la vez la posible necesidad de una reconceptualización del término “periodista”, antes de que pierda el valor ganado por generaciones de mujeres y hombres que han documentado el diario acontecer mexicano con un sentido objetivo, imparcial e informativo, sin olvidar el compromiso social, algo que debe estar antes de todo interés político, ideológico o comercial.

* El autor es director de medios y miembro del Colegio de Comunicólogos de Baja California.

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