Numéricamente perdidos en el mensaje hacia el conflicto social

Isaías Plascencia es periodista y miembro del Colegio de Comunicólogos de Baja California, ColComBC.

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La opinión de Isaías Plascencia

Emitir sonidos, imágenes, gestos o señas hasta formar palabras son posibilidades que a diario se viven con resultados en ocasiones inciertos, impredecibles, pero probables, sin embargo entre quien pretende generar un mensaje y aquel o aquellos que lo deberían recibir hay un abismo de incertidumbre con neblina de ignorancia y repleta de corrientes ideológicas que zumban los sentidos.

Se ha enseñado a cruzar el sujeto con el predicado dando vuelta por los verbos y a dar un peculiar rebozado a cada frase con adjetivos, pronombres, artículos, preposiciones y sustantivos hasta brindarles un toque de arrogancia con el estilo.

El cómo decirla, dónde y cuándo hacerlo son instrucciones que no siempre se incluyen en los recetarios del deber ser humano, de ahí la imprecisión e ineficacia de los intentos de muchos que se atreven o pretenden transmitir algo con propósito o no de cambio.

Si bien es posible alterar el orden de los vocablos, los términos o componentes de una oración, también lo es el romper la secuencia de la intención y la intencionalidad en el intento.

Cada paquete de letras con su respectivo significado, significancia y significante son como números que de no mantener una línea, sin que esto signifique censura o adoctrinamiento, pueden perder su lógica y con ello confundir o hasta equivocar el resultado.

La palabra es como una cifra que para poder llegar a esta se debió haber hecho uso de un razonamiento matemático pues son sus unidades, decenas, centenas y millares fragmentos históricos de la humanidad, producto de otros momentos sociales que se entretejen con el riesgo de forjar una caótica maraña casi apocalíptica por la irresponsabilidad de unos y otros.

La ecuación

Para llegar de “A” a “C” no basta con brincar la “B” (X+Y=Z) en el proceso de construcción de un mensaje, pues debiese ser la regla conocer qué hay entre “A” y “B” así como entre “B” y “C”, además visualizar lo que pueda darse entre “C” y “D” para darle rumbo preciso y con cautela a lo que se diga.

La pérdida informativa en el proceso de la comunicación se da no solo por lo accidentado de los canales y la interferencia, sino como reflejo del escaso o limitado conocimiento de la esencia y vitalidad de las palabras que entre emisor y receptor es tan variable el acervo lingüístico que los coloca en la balanza de la desigualdad semántica, de ahí el inicio de todo conflicto.

La incógnita

Las palabras como los números están constituidas por interminables posibilidades de conexión que de no comprenderse su alcance y amplitud prevalecerá la incógnita de lo que se pretendía decir, se dijo o debió haber dicho.

Todo manifestación, protesta o denuncia debe tener como fin el diálogo, pero de poco sirve esto si no hay concordancia más que mínima en el vocabulario o glosario entre las partes, pues al igual que  las ecuaciones algebraicas cuya utilidad se ve mermada cuando se ignoran los procedimientos y con ello las operaciones aritméticas básicas, se da por logrado algo haciendo uso de medidas paliativas como la automatización de los resultados sin consenso, análisis, ni comprobación, todo en un oprimir de botones hasta llegar a la que tenga el signo “igual”, pues lo que importa para muchos es la reacción para dar paso a la acción y no a la medición, valoración y evaluación de las probabilidades ante toda posibilidad.

  • Isaías Plascencia es periodista y miembro del Colegio de Comunicólogos de Baja California, ColComBC.
  • Director de www.ciudadtijuana.info
  • Director de www.gradomx.info
  • Titular del noticiero de radio La Hora 9
  • Titular programa de radio Plural 9.0

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