La comunicación como escenario social

Daniel Ortega está licenciado en Ciencias de la Comunicación, con maestría en Docencia e Investigación Educativa y maestría en administración con énfasis en mercadotecnia

0
1453

La opinión de Daniel Ortega *


Creo que es importante replantear la función  simbólica del mensaje: no solo es la información que transmiten los interlocutores, sino que en una sociedad funge como escenario social. El idioma lo aprendemos por imitación, es decir, en el contacto con otras personas con quienes convivimos. Así, pues, el idioma no es solo un vínculo de interacción en una sociedad, sino un  ambiente de convivencia, porque lo repite y practica toda una comunidad hablante. Así,  todos los valores que participan en una relación interpersonal se integran al diálogo.

En un país predominantemente machista, con símbolos culturales que se inició con una promoción al dominio masculino, en una cultura en que a las mujeres se les educa en la idea de una implícita inferioridad disfrazada de delicadeza, en la que el hombre ejerce un dominio total disfrazado de protección, todo el sistema de creencias e interacción está empapado de esos “valores”.

El idioma, como reflejo directo de la cultura, contiene símbolos específicos que contienen y promueven el machismo, la misoginia, la homofobia, el sectarismo, la intolerancia y la xenofobia, entre otras prácticas de odio. Se observa en las canciones autóctonas, en el cine y, por supuesto, en nuestro idioma.

El machismo, feminismo, cristianismo, malinchismo, judaísmo, ateísmo, positivismo… y todos los demás conceptos que terminan con algún “-ismo” indican algún dogma de ideas que no solamente incluye a todas las personas que coinciden en sus argumentos, sino que manifiestan abiertamente como antagonista a todo aquel grupo social que no comparta esos mismos ideales.

Pertenecer a algún grupo de coincidencias de unión entre coincidencias, así como de rechazo a lo contrario a ese cuerpo de ideas, favorece la creación de palabras que contengan esos “valores” que dañan el tejido social y promueven el separatismo.

Así, pues, es necesario tener mucho cuidado en lo que representan las palabras, pues en ellas están implícitos nuestros miedos, intolerancia y deseo de tener a algún antagonista. A continuación presento algunas frases típicas de la cultura mexicana que mantienen y promueven esos antivalores anteriormente indicados:

1. Orientación sexual diferente

Con frecuencia esta es el eufemismo para referirse a la homosexualidad, lesbianismo, bisexualidades y otras orientaciones sexuales. Por lo tanto, los hablantes de esta frase asumen que la heterosexualidad tiene una mayor importancia frente a las otras orientaciones sexuales que considera “diferentes” como un recurso del idioma que oculta una intención de considerar a las demás orientaciones como inferiores, menos importantes y, a veces, incorrectas, aberrantes e inadmisibles. Antivalor promovido: machismo.

2. Las mujeres embarazadas no deben fumar

Desde hace mucho tiempo hay una campaña permanente que sataniza el consumo de tabaco para una mujer… ¡ojo! Solo cuando ella está embarazada. En otras condiciones, no parece preocuparse nadie de los daños en la salud de ellas, sino únicamente en su fase de gestación, pues se asume en el inconsciente colectivo que la función social de las mujeres es la procreación, cosificando así al sexo femenino. Antivalor promovido: misoginia.

3. ¡Eeeeeehhhhh…  p*to!

Recientemente el grito que le hacen al portero en un partido de futbol al patear la pelota se ha popularizado por las televisores que no analizan a fondo el impacto social de esta práctica: se conforman con dar a conocer que la Federación Internacional de Futbol (FIFA) planea sancionar a la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut o FMF) por esta práctica que consideran homofóbica. Hay quienes, pretendiendo justificar esta expresión, dicen que es parte del deporte y que no tiene “nada de malo”. Estamos en una cultura que normaliza los daños a un nivel tan grave que cualquier capacidad de autocrítica, de exploración profunda y de análisis honesto está básicamente nulificada o reducida, claro, para conveniencia  de quienes aprovechan esta limitación social. En otro contexto, la palabra p*to en nuestra cultura es una manera de descalificar a quien no es heterosexual, o quien sí lo es pero no cumple el rol social de una cultura heteronormada.

En otras palabras, es una crítica abierta para el “diferente”, en este caso, al deportista que no pertenece al “mismo equipo que yo”. Por lo tanto, si cruzamos la homofobia con el rechazo a una persona de un equipo antagónico, replicado por cincuenta mil personas  al unísono, crea un escenario donde, estoy seguro, nadie con salud mental, consideraría propicio para el desarrollo que nos gustaría que tuvieran nuestros hijos.

Antivalor promovido: machismo.

Sobre Daniel Ortega* El autor está licenciado en Ciencias de la Comunicación, con maestría en Docencia e Investigación Educativa y maestría en administración con énfasis en mercadotecnia, es docente de la Universidad del Pacífico, adscrito a la cátedra Sociolingüística e Introducción a la Lingüística; asimismo es docente en la Facultad de Turismo y Mercadotecnia de la Universidad Autónoma de Baja California, adscrito a la cátedra Comunicación Oral y Escrita. Es secretario electo del Sector Docencia e Investigación del Colegio de Comunicólogos de Baja California (Colcombc).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here