Comunicación, la vía para un nuevo pacto de paz

El autor es secretario general del Colegio de Comunicólogos de Baja California. Actualmente es estudiante del Doctorado en Estudios de Migración en el Colegio de la Frontera Norte. Maestro en Desarrollo Regional por la misma institución. Ejerció el periodismo por 15 años.

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Por José Israel Ibarra González

Las manifestaciones extremistas crecen día tras día. Todo indica que una persona está obligada a pensar desde la ultra-derecha o desde la ultra-izquierda, y todo lo que se asocie con cada una de ellas, por ejemplo el capitalismo y el comunismo, o el cristianismo y el ateísmo, respectivamente. Es un debate ideológico que pensé que estaba superado, sin embargo, basta revisar las noticias en Twitter para ver que está más vigente que nunca.

La propuesta que les presento busca romper con esta inercia a radicalizar posiciones. El camino que planteo es buscar un punto intermedio. Esta idea me viene a raíz de la lectura de la obra Ética nicomáquea de Aristóteles. En su legado nos habla que las virtudes son un punto intermedio entre los comportamientos extremos. Por ejemplo, la valentía es el término medio entre el miedo y la temeridad.

Para lograrlo hay que tener voluntad y este punto creo que es el más difícil de superar. Las personas están perdiendo la capacidad negociadora. Es el todo por el todo. Estás conmigo o estás contra mí. En ese tenor la aparición de la violencia es inminente, lo estamos viendo, y es necesario evitar que crezca antes de que estalle una guerra de orden mundial.

Parece que las personas no entienden que forman parte de una sociedad que finalmente es un invento, una idea. Los mecanismos institucionales, las reglas del tablero de ajedrez, son creados y destruidos por nosotros mismos.

Pasaré ahora del plano general al plano nacional. Primero traeré a colación el caso de los cristeros -que conozco más cercanamente porque los bisabuelos participaron luchando por la libertad religiosa-. Durante esa guerra (que prácticamente desaparecieron de los libros de texto oficiales) murieron miles de creyentes y sacerdotes, a quienes el gobierno asesinó en su idea de que la religión era dañina para el pueblo, y también, hay que aceptarlo murieron muchos soldados –a manos de quienes se escudaron en Dios-.

Al final los gobernantes tuvieron que llegar a una negociación, darles concesiones, y también los católicos tuvieron que ceder en algunos aspectos. En ese proceso participaron activamente los sinarquistas, quienes se sentaron como movimiento político del Pensamiento Social de la Iglesia, en la misma mesa donde estaban sus asesinos. Pactaron sin armas. Todo a través de la comunicación.

Ahora pondré como ejemplo a la política mexicana (sin decir los nombres  de los partidos para no herir a ningún amigo -porque los tengo en todos-). Si las personas están a favor del candidato más viable de la izquierda y se atreven a criticarlo prácticamente las linchan; están obligadas a callar y obedecer aun cuando observan los excesos y los lujos con los que vive la familia de esa opción. Si es por el lado de la derecha, también es el mismo fanatismo, si hay que privatizar, hay que hacerlo con todo y nadie al interior de ese partido puede oponerse, como sucede en Baja California.

Acepto que uno de los grandes aciertos de la opción revolucionaria para mantener su hegemonía durante más de 70 años en México (no olvido todos los fraudes realizados para sostenerse, dicho sea de paso) fue que pudo incorporar a todas las ideologías dentro de su estructura corporativista. Había revolucionarios de izquierda, de centro y de derecha. Quizá fue esa arena la que permitió la estabilidad,  que ahora se ve tan endeble en el país, debido a que aquella opción de centro se cargó a la derecha.

La invitación, tanto a nivel internacional, como a nivel nacional, es encontrar ese punto de equilibrio. Esa arena que nos permita negociar. Ganar y ceder. Habermas, en su Teoría de la Acción Comunicativa, nos indica los pasos para lograr este proceso “comunicativamente racional” – y que creo son alcanzables-: 1) todos los actores deben estar involucrados; 2) estos deben ser competentes y estar empoderados; 3) la comunicación no debe implicar la dominación por ninguna de las partes; y 4) los participantes deben poner de lado todo motivo que no sea la búsqueda del acuerdo  (Rodríguez et al, 2013).

Por supuesto que no es una tarea fácil, ni en el plano internacional, ni en el nacional. Toca a los comunicólogos entrarle a la tarea y mantenerse firmes en el centro. En la frontera entre los extremismos. Nos capacitan para ello. Para lograr el diálogo entre las personas con el fin de llegar a acuerdos. Es momento de empezar a hacerlo.

Secretario del Consejo Directivo 2017-2018

*El autor es secretario general del Colegio de Comunicólogos de Baja California. Actualmente es estudiante del Doctorado en Estudios de Migración en el Colegio de la Frontera Norte. Maestro en Desarrollo Regional por la misma institución. Ejerció el periodismo por 15 años.

Bibliografía

Rodríguez-Vásquez, J. C., Giménez-Mercado, C., & González-Téllez, S. (2013). De la planificación urbana normativa a la planificación comunicativa. El caso del Plan de Desarrollo Urbano Local del Municipio El Haltillo, Caracas-Venezuela. La gestión urbana silenciada. Quivera, 15(2013-1).

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