¿Cómo nos va a los comunicólogos en México?

Desde la abadía de la comunicación

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Cuando los jóvenes terminan la preparatoria y les dicen a sus padres que quieren estudiar la Licenciatura en Comunicación no siempre hay una respuesta positiva. Los primeros cuestionamientos que les hacen a los hijos son para qué sirve la carrera y dónde van a conseguir trabajo. Inclusive hay decenas de memes que se burlan del futuro que pueden tener los estudiantes si toman dicha decisión.

Para averiguar que tan en lo cierto están los padres sobre la incertidumbre de trabajo posterior a estudiar la Licenciatura en Comunicación, retomo algunos resultados de artículos científicos sobre el campo laboral del comunicólogo en México y al final establezco mi posición al respecto.

Comienzo con el artículo de la investigadora de la UABC Tijuana, María Montoya Robles (2017), sobre “El campo laboral de la Comunicación en México”. Sus fuentes de análisis fueron los datos del Observatorio Laboral de México a cargo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) y el Sistema Nacional de Empleo (SNE); así como la base de datos en formato Excel descargable en ComparaCarreras, 2017, del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Montoya Robles (2017) toma como sujetos de estudio a los egresados de la carrera de comunicación y periodismo; y describe con datos del IMCO que para el año 2017 había un poco más de 256 mil personas que estudiaron la carrera de periodismo y comunicación a nivel nacional, sin embargo, solo 3.92% contaba con un posgrado (2017: p. 161).

En términos generales, encontró que sólo el 84% de los profesionales de comunicación y periodismo se encuentran en activo. Profundizando en los datos halló que 83.21% son subordinados, 2.75% son empleadores, 12.42% trabaja por su cuenta y los restantes trabajan sin que les paguen (1.62%) (Montoya Robles, 2017: 162).

Por su parte, Chamosa Sandoval y Herrera González (2018) señalan que de acuerdo al INEGI en México solo el 30% de los egresados encuentran trabajo relacionado con su licenciatura; siendo los egresados de Ciencias y Humanidades, en donde está la carrera de Comunicación, quienes más problemas tienen para entrar al mercado laboral (2018: 30).

Además, los autores encuentran que de acuerdo a la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior en México (ANUIES) en el país existen 648 Programas Académicos de Comunicación y carreras afines; esta realidad provoca una sobrepoblación de comunicólogos “ávidos de contratación” quienes deben de enfrentar una estructura que ha democratizado las tecnologías de la información; generando una “brecha entre las demandas del mundo laboral y la formación universitaria” (Chamosa Sandoval y Herrera González, 2018: pp. 28-30).

En su estudio Chamosa Sandoval y Herrera González (2018) analizan los planes de estudio de 20 programas de Comunicación o similares, de los cuales fueron 10 de Ciudad de México y el área metropolitana, mientras la otra mitad del interior de la República; además cruzan esta información con la variable de los conocimientos que los empleadores requieren de los comunicólogos, lo que fue analizado en mi columna anterior: “De Comunicólogo a empleado multiuso”.

Entre sus resultados son que el 46% de los programas analizados incluyen temas de creatividad, humanismo y valores cívicos; 88% hace referencia al uso de tecnologías o nuevas tecnologías y 42% a competencias de cualquier profesionista del Siglo XXI. Pero lo más interesante que encuentran es que la carrera está cambiando de nombre de Ciencias de la Comunicación a Comunicación Digital, Comunicación de Medios Audiovisuales, entre otros (Chamosa Sandoval y Herrera González, 2018: pp. 37-38).

Finalmente los investigadores concluyen que es urgente una reestructura acorde a las transformaciones tecnológicas-comunicativas, pues las redes sociales han modificado los usos y costumbres del campo académico (Chamosa Sandoval y Herrera González, 2018: pp. 37-38).

Por último, retomo a Sánchez Olavarría (2012) quien estudia la práctica de los egresados de la Universidad del Altiplano del estado de Tlaxcala; y aunque se refiere a un solo caso, el contexto que encuentra es el mismo que para el resto de los egresados: “crecimiento desmedido de la matrícula, predominio de un modelo de formación profesional y saturación de espacios laborales, aunado a las características de globalización y cambios en las comunicaciones” (2012: 119).

Me interesó citar a este autor porque concluye, después de estudiar las trayectorias laborales de los egresados de la Universidad del Altiplano, que a consecuencia de la saturación de empleos en los medios, los comunicólogos deben insertarse a otros espacios laborales indirectamente relacionados o no relacionados con su profesión (Sánchez Olavarría, 2012: 141).

Los hallazgos encontrados en estas investigaciones sobre el campo laboral de los comunicólogos, reafirman las preocupaciones de los padres de familia sobre la posibilidad de que sus hijas e hijos estudien la carrera de Comunicación.

Preocupa mucho que se esté desdibujando la Licenciatura en Comunicación en “carreras” que más parecen estudios técnicos, al apostar menos por la formación para el análisis e investigación de los fenómenos comunicacionales y más para el hacer (Reséndiz R., 1991).

Sin embargo, la revolución digital, también brinda una esperanza de que actualizando los planes de estudio y creando posgrados en los distintos campos de acción de la Comunicación pueda hacerse frente a las necesidades del mercado sin perder la capacidad analítica.

Es absurdo que se sigan actualizando los planes de estudio cada 4 ó 5 años dentro de las universidades, cuando en el mercado laboral las nuevas tecnologías de la información y comunicación cambian con mucho mayor velocidad.

La adaptación de los perfiles de los egresados de Comunicación a las necesidades del mercado debe ser constante, de lo contrario se están formando profesionales para estar en la banca o irse a campos de acción no afines.

Además, es una urgencia crear posgrados públicos y privados en Comunicación, tanto profesionalizantes como de investigación. La ausencia de los mismos obliga a quedarse sin especialización dentro de México; y aunque pudiera salirse a estudiar al extranjero las condiciones se vuelven más complicadas.


*El autor es presidente electo del Colegio de Comunicólogos de Baja California. Profesor de Teoría y Práctica del Periodismo e Investigación Cuantitativa de la Comunicación en la Universidad Iberoamericana Tijuana. Tiene un doctorado en Estudios de Migración y es investigador en la Consultoría Continente Móvil.

Bibliografía

Chamosa Sandoval, M., y Herrera González, A. (2018). Brecha curricular entre las Carreras de Comunicación y la demanda laboral en México. Revista Cubana de Información y Comunicación Alcance, 28-44.

Montoya Robles, M. (2017). El campo laboral de la comunicación en México. Revista Latinoamericana de Ciencias de la Comunicación, 156-170.

Reséndiz R., R. (1991). El espacio creativo del comunicólogo. Revista Mexicana de Cienias Políticas y Sociales, 21-25.

Sánchez Olavarría, C. (2012). La práctica profesional del comunicador de la Universidad del Altiplano. Perfiles educativos , 119-144.

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